martes, 13 de julio de 2010

Primeros pobladores







Los últimos estudios arqueológicos han revelado que el origen del hombre americano es de 40.000 años. Por cierto que hasta hoy, el origen del hombre americano es uno de los grandes enigmas de la arqueología, e incluso ya algunos investigadores colocan el techo un poco más atrás en el tiempo, sosteniendo que el ingreso de los primeros hombres al continente americano se produjo en una franja de tiempo que va desde los 65.000 a los 40.000 a. C.
En líneas generales, los investigadores coinciden en que en esa época, se produjo una migración desde el Asia en dirección al Nuevo Mundo, trasladándose a través de un puente natural formado durante la última glaciación en lo que hoy conocemos como el estrecho de Behring. Al parecer, dicha traslación humana se debió a cambios climáticos que convirtieron a vastas zonas de Asia en desiertos áridos. Fue así que los animales iniciaron el lento camino hacia el este en busca de buenos pastos; obviamente, los hombres fueron tras ellos.
Otros estudios también confirman otra gran migración se produjo entre el 15.000 y 12.500 a.C., como así también otras posteriores, quizá de menor magnitud que aquélla.
Así se fue produciendo el lento desplazamiento hacia el sur, desde Alaska, de incontable cantidad de hombres, todos ellos cazadores y recolectores, quienes poseían una cultura y técnicas similares a las de los euroasiáticos del período paleolítico.
Estas migraciones que penetraron por el estrecho de Behring parecen haber seguido tres rumbos: uno, la costa norte de Alaska y Canadá; otro, los campos ubicados al oriente de las montañas Rocosas; y un tercero siguió la costa del océano Pacífico.
Fue así que unos fueron empujando a otros hasta desplazarse ala América del sur, inclusive de la isla grande de Tierra del Fuego.
En la América del sur las cifras en años son algo menores y demostrarían el lento desplazamiento de norte a sur.
En lo que respecta al actual territorio argentino, las fechas mencionadas para el sur de Chile corresponderían también para nuestra Patagonia (Los Toldos, 10.600 a.C.).
En el caso de Tierra del Fuego, la cultura más antigua no superaría los 6.000 a. C.
Para el noroeste, la más antigua estaría ubicada en la provincia de Catamarca, denominada Ampajango, con una problable datación de 12.000 a. C..
En las Sierras Centrales de Córdoba y San Luis se clasificaron antiguas culturas reunidas bajo el nombre común de Ayampitín. La cueva de Intihuasi, San Luis, reveló que sus restos humanos rondarían los 6.000 a. C.. En la puna argentina se ha localizado otra cultura, conocida como la del Saladillo, llegada allí hacia el 4.000 a.C.
Finalmente, podemos agregar que algunos arqueólogos suponen que gran parte del noreste, Misiones y sus zonas próximas, habrían tenido unos primeros poblamientos entre los 8.000 y 10.000 a.C.
Las culturas aborígenes del noroeste del actual territorio argentino, ocupaban una extensa región que, de sur a norte, comprende a las provincias de San Juan, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta, Jujuy y una porción de Santiago del Estero. En verdad esta delimitación precisa desde el punto de vista geográfico actual, no lo era por entonces, superando estos aborígenes tanto la Cordillera de los Andes como el norte jujeño.
El sector norte de esta región, esto es la Puna y la Quebrada de Humahuaca tierra de los apatamas y omaguacas, respectivamente , estuvo relacionado con las culturas del altiplano boliviano Tiahuanaco ; el sector central, los llamados Valles Calchaquíes, fueron de neto dominio diaguito calchaquí; en el sector sureste, el que las primeras fuentes españolas denominan como Tucumán, fue tierra de diaguitas que, siguiendo esta dirección hacia Santiago del Estero, convivieron con tonocotés; el área ubicada al sur de los Valles Calchaquíes Catamarca y La Rioja fue asentamiento de capayanes.
Finalmente, destaquemos que el noroeste fue la región culturalmente más trascendente y la que, en mayor o menor grado, recibió claras influencias de las altas culturas andinas, en obvia alusión al Imperio Inca del Perú y al Tiahuanaco boliviano.

Diaguitas y Calchaquíes


Se los conoció con el nombre de cacanos y habitaron los valles de Catamarca, La Rioja, y Salta.
Fueron unos de los pueblos de mayor desarrollo económico de la región, conocían muchas técnicas, entre ellas el empleo de terrazas y andenes montañosos para la agricultura.
Agricultura: conocieron y cultivaron el maíz, el zapallo, porotos y quinoa. Sin duda la agricultura fue un duro desafío para los pueblos de la zona montañosa, pero esta tribu en particular se dio maña para crear andenes en las laderas del cerro. Al tener tan poca agua, debieron construir canales y acequias para el riego, tan eficaces que en algunos lugares se siguen utilizando.
Criaron llamas y guanacos, de los que obtuvieron carne y lana lo que les permitía alimentarse y realizar tejidos de excelente calidad. Solían recolectar frutos, entre ellos la algarroba, y la almacenaban en depósitos subterráneos. Con la algarroba hacían patay y alhoja, sus bebidas alcohólicas por excelencia.
Vivienda: hicieron sus viviendas de piedra, dispuestas en forma de pirca, y no utilizaron ningún tipo de cemento; esta técnica la tenían los pueblos andinos. Las casas no tenían ventanas y el techo era de barro o paja. Sus construcciones fueron monumentales y sus ciudades se defendían por pucarás, que estaban situa-dos en sitios casi inaccesibles.
Organización social: eran polígamos, por lo general la cantidad de mujeres era proporcional a los ingresos del marido, por lo general los únicos realmente polígamos eran los caciques y los nobles.
Costumbres: su vestimenta constaba de una camiseta que llegaba por debajo de la rodilla y en ocasiones se lo ceñían en la cintura para no tropezar. Usaron adornos de metales tales como el bronce y se protegían los pies con sandalias llamadas ojotas. Fueron enormes guerreros y mostraron su fiereza con sus vecinos tanto como con los españoles, para ello creaban hachas de piedra y usaron arcos y flechas.
Arte: trabajaron muy bien la cerámica, usaron tinajas para beber, para almacenar líquidos o para rituales.




Capayanes
Ubicación: se encontraban desde el límite entre La Rioja y Catamarca hasta el río Jachal, en San Juan. Al oeste los limitaba la cordillera de Los Andes y al este llegaron casi hasta el límite entre las provincias de Tucumán y Catamarca.
Tenían como vecinos: al norte a los Diaguitas y al sur a los Huarpes.
Desarrollaron depósitos semisubterráneos para almacenar el maíz, zapallo y otros cultivos.
Vivienda: solían construir su vivienda al pie de un gran árbol cuya copa servía de techo. Las paredes eran de barro y adobe.
Eran expertos constructores de canales de riego, algunos de más de 12 kilómetros de largo.
Costumbres: trabajaron la cerámica creando tinajas, pero sin duda su especialidad fueron las pipas de barro cuya cazoleta tenía forma de cabeza humana.
Los Capayanes quedaron totalmente extinguidos a fines del siglo XVIII.



Humahuacas u Omaguacas
Perfil: ocuparon la parte norte del noroeste argentino, tenían como autoridad a un único cacique, y el más famoso fue Viltipoco, un valiente guerrero que hizo frente aguerridamente a los españoles.
Algunos grupos pertenecientes a los Omaguacas fueron: los Ocloya, Purmamarca, Fiscara y Jujuy.
Criaron llamas y vistieron ropas de lana (esa zona es muy fría por las noches y en invierno), para los pies: ojotas.
Cultivos: al igual que el resto de los pueblos andinos, los omaguacas basaban su economía en la agri-cultura, para ello idearon geniales sistemas de andenes con irrigación artificial. Preparaban la tierra para el cultivo con palas hechas de madera dura o de piedra. Luego, con una maza, rompían los terrones que quedaban. Luego de preparada la tierra, ponían semillas de maíz, papa o quinoa. Esta alimentación vegetariana se complementaba con la caza del guanaco, suri (ñandú) y algunas aves.
Fieros guerreros: sus viviendas eran de piedra y estaban muy bien organizadas con sistemas de pasillos, al igual que los capayanes y cacanos, construyeron pucarás para la defensa. Se dice que los Omaguacas eran tan bravos que sus enemigos les tenían pánico, ya que estos guerreros, cortaban las cabezas de sus enemigos y las colocaban como adorno y advertencia.




Apatamas
Ubicación: habitaron la parte puneña de Jujuy y se relacionaron con los Atacamas de la actual Bolivia. Trabajaban con numeración decimal (como varios pueblos andinos) y guardaron sus víveres en depósitos subterráneos.
Agricultura: cultivaron maíz, papa y quinoa. Las herramientas más comunes fueron las palas, azadones y grandes cuchillos de madera.
Economía: criaron llamas para el traslado de mercadería. La fuente principal de recursos económicos era la sal. El trueque les permitió conseguir carne y fruta que no eran abundantes en la región.
Viviendas: sus casas eran de piedra y no se observan puertas, esto se debe a que los Apatamas entraban a sus recintos por el techo con escaleras de mano. Las construcciones mayores eran con fines ceremoniales.
Vestimenta: usaron la camiseta andina, que en épocas de frío cubrían con poncho, tenían largas fajas para la cintura y en los pies las ushutas u ojotas; en la cabeza usaban gorro de lana que tapaba sus orejas y a veces vinchas, que los más pudientes adornaban con oro, plata o plumas de colores. Se complementaba todo esto con collares, brazaletes, etc.



Lule - Vilelas
Ubicación: originariamente los Lules ocuparon la zona abarcada por los Matacos, quienes los corrieron a su conocida ubicación de la parte noroeste de Santiago del Estero, Norte de Tucumán y sur de Salta (que anteriormente ocupó una cultura llamada La Candelaria).
Los Lules se dividían en Esistiné, Toquistiné, Oristiné, Axostiné, Tamboriné, Guaxastiné y Casutiné. Los Vilelas se subdividían en Chunupí, Pazaine, Atalala, Omoampa, Yeconoampa, Vacaa, Chole, Ipa y Yooc o Guamalca. Los Lule-Vilela tenían características huárpidas: esbeltos y de apariencia agradable.
Hacia fines del siglo XVII se encontraban en el interior del Chaco.
Hábitos alimenticios: fueron nómades, cazadores y recolectores. Cazaron principalmente el pecarí o chancho del monte y la recolección favorita fue la algarroba y la miel silvestre, esta última la obtenían haciendo un agujero en el árbol con una cuña y por allí extraían los panales sin precaución alguna. No trabajaron el riego, sólo debían cavar pozos o esperar la temporada de lluvias.
Vestimenta: debido a la zona templada que habitaban, ellos se desplazaban prácticamente desnudos. Como vestimenta tenían una madeja de hilo a modo de cinturón del que colgaban por delante plumas de ñandú. Las mujeres usaban el mismo cinturón pero en lugar de llevar plumas, se colocaban un delantal de hilo de caraguatá. Usaron pelo largo y sólo lo cortaban en ocasiones de duelo. Usaron los tatuajes en ocasiones especiales.
Fiestas y ritos: tuvieron la presencia del yamán (chamán o shamán). Una de las tantas formas de curar consistía en sangrar al enfermo en la zona dolorida para sacar la mala sangre ocasionada por un espíritu (ayacuá).
Para invocar a la lluvia el yamán aspiraba por la nariz el polvo del cebil, y, una vez en trance, bailaba y cantaba pidiendo, a gritos, la llegada de la lluvia.
Su celebración más importante fue la Fiesta del Diablo, que tenía por objeto ahuyentar los males. Duraba 15 días. En ese lapso los indígenas cantaban y bebían hasta caer en un profundo sueño, para continuar al día siguiente con la celebración.




Tonocotés
Origen: fue un pueblo sedentario que habitó la región comprendida por los llanos santiagueños y en la actual ciudad de Santiago del Estero.
Los españoles los conocieron como Juríes. La primera denominación de Tonocoté aparece en un documento de 1574. Son de origen brasílido, estatura mediana, cara ancha y nariz mediana. Con el tiempo tomaron costumbres andinas, practicando la agricultura, se dedicaron a la caza, pesca y recolección.
Vestimenta: los hombres tenían un delantal corto y collar hecho con plumas de ñandú, también mantas decoradas para cubrir el torso. Las mujeres usaban el mismo diseño pero con tela de llama o guanaco o fibra de caraguatá.
Armas y vivienda: usaron el arco de gran tamaño, tipo amazónico, flechas y macana. Las puntas de las flechas por lo general tenían veneno.
Las viviendas se construían sobre elevaciones artificiales del terreno (túmulos). Eran redondeadas, de material poco duradero y el techo de paja. Alrededor de la aldea construyeron empalizadas.
Telares y alfarería: las mujeres eran grandes hilanderas, pero sin duda, los Tonocotés sobresalieron en la alfarería, hicieron grandes urnas funerarias y pucos, con motivos muy elaborados.
Dioses: Cacanich fue su dios supremo. Para pedir beneficios solían ofrecer dones, sacrificios, mujeres vírgenes o aves muertas. Su rito funerario era muy supersticioso, primero enterraban a los muertos hasta que las partes blandas desaparecieran. Una vez descarnado el cuerpo se lo colocaba en urnas de barro decoradas, para, por fin, enterrarlos debajo de las viviendas.



Yacampis
Fue un pueblo muy antiguo que, según los expertos, habitó en la región noroeste, más precisamente en una pequeña porción de la zona limítrofe entre las actuales provincias de La Rioja y San Juan (Valle Fér-til). Fueron una parcialidad diaguita.
Poco es lo que se conoce de este pueblo debido a que era muy pequeño pero los nombramos para que se-pan de su existencia.
Los pueblos de esta región, (Puenches, Puelches, Huarpes, Comechingones, Sanavirones, etc), muestran pueblos con economías especializadas en la caza de guanacos y ciervos y en la recolección de semillas.
Se calcula su existencia hasta el siglo XVIII.
Pehuenches y Puelches
Datos generales: habitaron el sur de Mendoza y la región cordillerana de Neuquén... Peuhén significa pino y che: gente en lengua araucana, o sea "gente de los pinares".
Algunas tribus que componían el grupo de los Araucanos fueron: Jorjones, Sequelquianes, Saquirgueres y Colcoyanes.
Una de las primeras crónicas de este pueblo data de 1563 y corresponde al chileno Mariño de Lovera quien acompañaba al conquistador Pedro de Leiva. El cronista escribió: "Todos sin excepción son delgados y sueltos, aunque no menos dispuestos y hermosos por tener grandes rasgados ojos, y los cuerpos muy bien hechos y altos".



Puelches de Cuyo
se encontraban al norte de la zona pehuenche y se denominaban Puelches Algarro-beros o de Cuyo (hoy Mendoza).
Vivían en la zona de pedemonte cordillerano. Fueron bautizados con ese nombre por los Araucanos y su nombre significa "gente del este".
Tanto los Pehuenches como los Puelches pertenecían al grupo Huárpido. La primera referencia de los Puel-ches Algarroberos la hizo en 1594 Miguel de Olavarría.
Forma de vida: Puelches y Pehuenches eran cazadores y recolectores. Se alimentaron de guanacos y ñandúes, más tarde, con la llegada de los españoles, comieron caballos.
Las armas utilizadas fueron el arco, las flechas y las boleadoras, más tarde, por influencia de los araucanos, usaron lanzas. Entre las semillas que recolectaron encontramos la algarroba, el molle y los piñones de la araucaria. Los Pehuenches hicieron del piñón su alimento principal: de ellos extraían una harina para hacer pan y también, fermentados, obtenían una bebida alcohólica similar a la chicha.
Los Puelches tenían la algarroba como dieta principal; de allí lo de "algarroberos".
Vivienda y vestimenta: vivieron en toldos de cueros sostenidos por ramas. Estos toldos se situaban cerca de los bosques para tener a mano los frutos. Su vestimenta era de cuero combinado con plumas, aros de cobre o plata (imitado a los araucanos) y pintura en la cara, brazos y piernas: para indicar duelo, guerra, etc.



Huarpes
Etnias huarpes: Se dividieron en tres grandes grupos, según la ubicación geográfica: Norte (San Juan): Huarpes Allentiac, Sur (Mendoza) Huarpes Milcayac y Este (San Luis) los Huarpes Puntanos.
Los huarpes se extinguieron hace mucho tiempo, pero los relatos de los conquistadores y hallazgos arqueológicos permitieron acercarnos un poco a su cultura. El padre Lizárraga, quien atravesó el territorio huarpe en el siglo XVI, nos cuenta que eran muy altos y delgados; otro cura, el padre Ovalle agrega diciendo que eran muy atléticos.
Dos aspectos sociales muy curiosos sobresalieron en esta cultura: el levirato: al morirse el marido, la viu-da y los hijos pasan a depender del hermano menor del fallecido, y el sororato: al casarse el varón adquiere el derecho de casarse con las demás hermanas menores de la novia.
Costumbres generales: el imperio incaico con el Inca Pachacutec a la cabeza logró su máxima expansión en el siglo XV. En su conquista sometieron a los huarpes, quienes adoptaron muchas de sus costumbres, tales la vestimenta y los cultivos de maíz y quinoa; estas influencias no hicieron abandonar prácticas muy arraigadas como la caza y la pesca.
Con respecto a la pesca, utilizaron una balsa hecha con junco o totora fuertemente atados que impulsaban con una larga vara que manejaban parados en su parte posterior. Pescaban con una lanza.
Vivienda: la vivienda variaba de acuerdo al microclima donde se encontraba: en los cerros eran de piedra y en el pedemonte de barro y paja.
Arte: Emplearon figuras antropomorfas para alfarería o tallados de piedra; hicieron pictografías (An-tofagasta de la Sierra) pero sobresalieron en la cestería.
Religión: Creían en una divinidad central llamada Hunuc Huar, también adoraron al sol, la luna, los ríos y los luceros. Cuando morían eran colocados decúbito dorsal y con la cabeza dirigida hacia la Cordillera, lugar donde moraba Hunuc Huar.



Olongastas
Ubicación y datos generales: habitaron la zona comprendida entre los llanos riojanos y la región contigua, de las actuales provincias de San Juan, San Luis y Córdoba. Fueron un pueblo sedentario, agrupado en pequeños poblados y formando comunidades. Recolectaron la algarroba para fabricar la chicha y el patay.
En 1591, con la llegada de los conquistadores, fueron distribuidos en poblados vecinos.
En 1782 ya habían sucumbido.
Vivienda: Hicieron sus viviendas con barro y paja.
Armas: Sus armas fueron el arco, las flechas y la bola perdida (una sola bola atada con una correa).
Utensilios: hicieron morteros para moler los granos.



Comechingones
Hombres barbudos: su nombre significa "morador de cuevas" .
Hacia 1543 Diego Fernández, cronista de Diego de Rojas, describe a los Comechingones de las sierras cordobesas.
Lo que más le llamo l a atención a Fernández, fue que estos indígenas usaban barba. La pilosidad es una característica de la raza huárpida y no es cumún en otros grupos de américa. Los describió "de alta estatura y de mayor pilosidad y pigmentación que otros indios...".
Economía: tenía una base mixta. Por un lado el cultivo y por el otro la caza y recolección.
Trabajaron la tierra y criaron llamas. Sembraron maíz, poroto, zapallo y quinoa. Los granos eran molidos en morteros fijos excavados en plena roca.
La base del menú eran los guanacos, ciervos y liebres, los frutos de la algarroba y el chañar.
Costumbres: vivieron en casas semisubterráneas, se trata de grutas y abrigos naturales que hallamos en la región serrana.
Otro cronista de Diego de Rojas: Pedro Cieza de León nos describe las viviendas de los comechingones que tomaron contacto con los europeos: "cavaban las casas en tierra hasta que ahondando en ella quedaban dos paredes naturales, las armaban luego con madera y las cubrían con paja".
La vestimenta comechingona tenía gran influencia andina: su camiseta y manta elaboradas con lana de llama, adornados con varillas o vinchas.
Las distintas partes de una comunidad estaban comandadas por un cacique.
Otras características: trabajaron la cerámica con figuras geométricas simples. Moldearon la piedra para confeccionar hachas, puntas de flecha y raspadores para curtir las pieles. Sobresalieron en las pinturas rupestres. Con el tiempo y luego de la fundación de Córdoba, los españoles impusieron el quechua para entenderlos más facilmente, y los comechingones, ya abatidos, fueron perdiendo sus costumbres hasta dejar-las en el olvido.


Sanavirones
Ubicación: podemos ubicar a esta cultura en la depresión de la laguna de Mar Chiquita, en Córdoba.
Étnicamente pertenecían al grupo Amazónido
Economía: adaptaron sistemas andinos de cultivos, a los que complementaron con caza, pesca y recolección. Entre las armas utilizaban la macana, que era una especie de garrote con protuberancia en un extremo.
Costumbres: las numerosas excavaciones realizadas sacaron a la luz numerosos trabajos de alfarería que ponían de manifiesto dos tipos de cerámica. Los Sanavirones vivieron en casas muy grandes donde cabían hasta quince soldados con sus respectivos caballos. Se construían con vegetales y cada una albergaba a va-rias familias.
Las viviendas se reunían en pequeños grupos que se rodeaban de cardones y otras arboledas espinosas que servían de protección.
Su extinción tuvo lugar hacia el siglo XVII.
Guayaquíes, Guaraníes, Charrúas y otros, pertenecen a la familia lingüistica Tupí-Guaraní, y abarcó gran parte de América del Sur. Ocuparon desde el río Amazonas hasta el río de la Plata. Es una de las pocas culturas que logró mantener su idioma, el guaraní, hasta nuestros días.



Guaraníes
Pertenecieron a la raza amazónida y se clasificaron en:
• Guaraníes de las islas o Chandules: se establecieron en las islas del Delta del río Paraná y en ambas costas.
• Guaraníes del Carcarañá: en la actual provincia de Santa Fe, en la desembocadura del río Carcarañá.
• Guaraníes de Santa Ana: los denominaron así los españoles por hallarlos en la región llamada Santa Ana, en el norte de la actual Corrientes.
• Cáingang o Cainguás: del interior de la provincia de Misiones, Corrientes y Entre Ríos; y en Uruguay hasta la altura de la actual ciudad de Concordia.
• Los Chiriguanos: se afincaron en el Chaco salteño y en el territorio boliviano.
Economía: se dedicaron mayormente al cultivo de la tierra. La caza, pesca y recolección fueron secundarias.
Cultivaron la mandioca, zapallos, batata y maíz. En el Delta, debido a la humedad del clima, sustituyeron el cultivo por el del maíz. Aunque trabajaron la tierra, nunca desarrollaron técnicas avanzadas por lo que se los denomina agricultores inci-pientes.
Costumbres: acostumbraban al cola yuta: sin vestidos. Las mujeres usaron taparrabos llamados tanga, más adelante, con la conquista, se impuso el tipoy, una especie de camisola sin mangas con dos aberturas laterales para pasar los brazos.
Hombres y mujeres se pintaron el cuerpo, por lo general para la guerra, para galantear, etc. Los varones usaron plumas en la cabeza, brazos y tobillos.
Obedecían a un cacique que ascendía hereditariamente; eran polígamos, pero como era obligación dar todas las comodidades a las mujeres, sólo ejercían los más acaudalados.
Viviendas: al ser sedentarios podían construir grandes casas comunitarias hechas con troncos y hojas y en ella habitaban varias familias relacionadas. Las aldeas se formaban con 4 y hasta 8 casas, y se rodeaban con empalizadas.
En las regiones guaraníes del norte, las casas eran más pequeñas, cilíndricas y con paredes de barro y paja.
Guerreros: usaron arco, flecha y macanas. Los arcos, tal la cultura amazónidas, eran gigantes, y llegaron a medir hasta 2 metros de largo. Las flechas de guerra eran realizados con huesos humanos.
Los guaraníes usaron para sus viajes grandes canoas.
Religión: eran monoteístas y su dios fue Tubá, creador de todo lo existente. También fueron animistas, o sea que el mundo de los vivos estaba rodeado por espíritus buenos o malos que aparecían bajo formas humanas o animales.
El chamán era el brujo de la tribu y tenía gran poder. Actualmente, las tribus amazónidas siguen considerando al chamán com una fuente de respeto y poder.
Los cadáveres eran depositados en grandes tinajas de barro; luego ponían sus efectos personales y al final la cerraban con un plato y enterraban la urna.



Charrúas

Datos generales: tuvieron 2 momentos claves: hasta la primera mitad del siglo XVII y desde allí hasta mediados del siglo XIX, época en que desaparecieron. La diferencia entre ambos momentos fue el dominio del caballo, como instrumento de transporte, caza y guerra.
Los del primer período se dedicaban sobre todo a la caza de venados y ñandúes. Usaron las boleadoras (de 2 y 3 bolas).
Usaron grandes canoas para la pesca. Con la llegada del caballo emplearon lanzas de varios metros de lar-go.
Viviendas: era muy particular: constaba de 4 estacas colocadas de manera que formaban un cuadrado abierto por delante y sin techo; las paredes eran esteras de juncos entrelazados, colgadas de travesaños que sostenían las estacas.
A partir del siglo XVII construyeron sus chozas con ramas arqueadas y cubiertas con cueros de caballo o vaca. Su cama era un cuero en el suelo.


Vestimenta: usaron mantos de piel como los indios patagones del sur del país. Se denominaron qui-llangos (quiyapi). Los usaron con el pelo hacia adentro y el la parte exterior pintada con figuras geométricas. Lógicamente los quillangos eran para el invierno. En verano usaron un delantal de cuero o algo-dón. Como ornamento, usaron un tabique en la nariz, pintura y tatuajes.
Las culturas de la región del Chaco, fueron grandes conocedoras de todos los secretos del monte, grandes jinetes, fueron temibles guerreros; a ellos pertenecieron los Guaycurúes, Matacos y otros.



Guaycurúes
Eran un grupo de pueblos indígenas de origen patagónido.
Ellos se dividen en: Abipones, Mbayaes, Payaguaes, Mocovíes, Tobas y Pilagaes. De estos grupos actualmente sobreviven los Mocovíes, Tobas y Pilagaes: en Chaco y Formosa
Abipones: se ubicaron en las riberas norte del curso inferior del río Bermejo. Según el padre Dobrizhoffer los Abipones se dividieron en 3 grupos: (Rikahé: gente de campo - Nakaigeeterhé: gente del bosque - Jaaukanigá o Yaaukanigá: gente del agua).
La llegada de caballos cambió los hábitos de los abipones, en especial incrementó sus instintos guerreros. Primero atacaron los indígenas vecinos y luego los asentamientos blancos.
Guerreros mocovíes: habitaron la zona de Santiago del Estero y fueron igual de belicosos que los abipones. Entre los ataques a las colonias españolas, sufrieron sus embates Salta, San Miguel de Tucumán y hasta Córdoba. A comienzos del siglo XVII se radicaron en el sur del Gran Chaco y fue Santa Fe su blanco predilecto.
Los Tobas: ocuparon casi toda la provincia de Formosa. Como los otros pueblos Guaycurúes, adoptaron el caballo a lo largo del siglo XVII.
Dejaron sus hábitos sedentarios y se convirtieron en nómades montados. Según el lugar en que se encontraban los Tobas adoptaron diferentes nombres: Tobasminí (pequeños tobas): habitaron el Chaco Paraguayo, Tobas-Guazú (grandes tobas): habitaron la región argentina, Pilagaes: continúan viviendo en la parte central de Formosa, sobre la margen derecha del río Pilcomayo, en la anegadiza región del estero Patiño, otros pueblos fueron: los Takshik, Lañagashik y los Shiuwik.
Datos generales: eran de gran estatura y de fuerte complexión física, tal los grupos patagónidos.
Las distintas se organizaban en grupos o bandas, de unas cien personas, dirigidas por un cacique; este cacique era colaborado por un consejo de ancianos. Era un cargo hereditario siempre y cuando el hijo mayor de éste se destacase como orador y guerrero. La tierra fue de propiedad común y cada tribu tenía un territorio de caza, cuyos límites eran respetados rigurosamente


Economía: su principal actividad fue la recolección y los frutos a recoger dependía de la región: los pilagaes buscaban el fruto del algarrobo, del chañar, del mistol, la tusca y el molle; a veces el higo de tuna, ananás silvestres, porotos del monte, cogollos de palmeras y algunas raíces.
Distintos hábitos: el padre Canelas, sacerdote que convivió con los Mocovíes en el siglo XVIII, contó un curioso caso: se alimentaban con langostas, y cuanto más pequeñas, mejor. Las langostas fueron una plaga, y ellos mataban las más grandes simplemente ensartándolas con una vara; a las pequeñas las guarda-ban en botijos especiales y - al llegar a la aldea - se las colocaba en un recipiente con poca agua, hasta que se convertían en una especie de margarina que posteriormente calentaban.
Fueron expertos cazadores y pescaron con arco y red.
Las armas guaycurúes fueron el arco, la flecha con punta de madera o hierro, la lanza de hasta 4 metros y la macana.
Vestían chaquetas de cuero y usaron las boleadoras para cazar ñandúes. Usaron arpones para guerrear.
Valentía: fue su máximo orgullo. Para un bravo eran todos los privilegios, los forasteros sabían de su va-lor cuando veían las cabezas de sus enemigos muertos, clavadas en picas, delante de sus chozas. Iban a la guerra por diversos motivos: económico: obtenían ganados y esclavos, venganza: para cobrarse un ataque, sorprendían al enemigo tomando prisioneros, y gloria personal: vencer a un enemigo poderoso era lo máximo para este pueblo, allí la explicación de excursiones a provincias como Jujuy.
Familia y religión: eran básicamente monogámicos, pero los caciques practicaron la poligamia. Los Tobas entregaban una especie de dote, mientras los Abipones, compraban a la novia.
Fueron animistas (animales u objetos animados por espíritus que habitan en ellos) y usaron la magia para la cura.



Wichís (Matacos) y Chorotís
Cabe hacer una aclaración, fueron llamados mataco por los españoles. Es palabra castellana vieja que significa “animal de poca monta... sin importancia”. Wichí en nomenclatura etnográfica significa GENTE".
Ubicación y datos generales: hace 100 años las aldeas matacas y chorotís se encontraban a lo largo de los ríos Pilcomayo, Bermejo, Teuco, Yeguá y Vega Quemada; en la actualidad habitan el oriente de la provincia de Salta y occidente de Chaco y Formosa.
Los Mataco-Maccá agrupan a los Matacos (Wichis), Chorotís, Ashluslay y Maccaes.
En el territorio argentino sólo quedan Matacos y Chorotís.
Son del tipo racial patagónido con influencia andina y brasílida.
Su economía era básicamente de recolección y de pesca.
Armas y algo más: para pescar usaron el palo bobo, un palo hueco, de unos cinco metros de largo, y se componía de una vara en cuyo extremo se ataba una varilla de palo blanco sobre la que se colocaba la punta del arpón; esta punta podía ser de cuernos de vaca o de venado.
Algunas otras armas fueron la macana, el arco, flechas y la lanza.
Vivienda y hábitos alimenticios: era una choza de forma cupular hemisférica hecha de ramas y paja y medían 3 metros de diámetro por 3 de alto. No tenían puertas.
Solían comer carne, por lo general mal asada, charqui de pescado, frutas de algarrobo, poroto del monte y la sal, cuando escaseaba, la obtenían de los europeos o en comercio con tribus vecinas.
Pequeños vicios: además de las bebidas, el gran vicio de estas tribus fue el tabaco, secaban las hojas al fuego y luego, desmenuzándolos entre las palmas de las manos, lo fumaban en pipas, que podían ser de madera o de barro cocido.
Vestimenta y creencias: usaron el clásico quillango patagónico, hecho con pieles de nutria, venado o zorro, cosidas entre sí; la parte peluda iba para adentro.
Creyeron en numeroso espíritus que llamaron wichis, los chamanes (brujos), obtenían su poder de ellos.
Creían que los espíritus habitaban en los alto de los árboles de la selva. Tan es así, que los cadáveres se depositaban en una plataforma construida en las copas de los árboles. Tenían el cuerpo hasta que se des-carnaba y luego ponían los huesos en una fosa hasta que quedaran limpios, una vez pelados del todo los huesos, los depositaban en urnas funerarias.
Creían que la muerte era producto de un maleficio. Los deudos damnificaban la pérdida con la venganza o con el quebrantamiento del cadáver con un palo o hacha para matar al mal espíritu que se había metido en el cuerpo.



Chiriguanos
Llegada: entraron al Chaco Salteño a mediados de 1500, superponiéndose a los pueblos de origen andino que ocupaban el territorio. Llegaron a la zona con el conquistador portugués Alejo García. Los chiriguanos, de origen brasílido, adoptaron las culturas andinas, más fuertes y sofisticadas.
Organización económica: se basó principalmente en la agricultura, y cultivaron el maíz, porotos, calabazas, mandioca dulce, sorgo, melones y algunas frutas. Para ahuyentar los loros de las sementeras ponían sobre estacas las máscaras de carnaval que deshechaban después de las fiestas. Para almacenar las cosechas, construían graneros sobre pilotes.
Vivienda: las primeras viviendas chiriguanas fueron de planta circular con techos cónicos; dentro de la choza entraban hasta un centenar de individuos, a fines del siglo XVIII, se observa un cambio en las viviendas adoptando otras más peque-ñas de planta rectangular con techo a dos aguas; las paredes eran de palo a pique y barro mezclado con paja, mientras que la techumbre era sólo de paja.
Estas chozas rodeaban una plaza formando la aldea.
Política: tenían jefes poderosos con poder casi absoluto y se diferenciaban: los que gobernaban una aldea de los que lo hacían con un grupo de aldeas; la jefatura era hereditaria y la genealogía de los caciques se recordaba hasta la 3a o 4a generación. Además de gobernantes, los caciques eran jueces, jefes de guerra y únicos poseedores de la tierra.
Religión: estuvo muy ligada con la de los Tupí-Guaraní. El personaje más importante era el payé o médico, la enfermedad se consideraba causada por envenenamiento y para curarla, el payé entraba en trance para que su espíritu desencarnado destruyera el alma del individuo mal intencionado que atacaba a su paciente. Los cadáveres se enterraban dentro de grandes urnas.


Los Tehuelches o Patagones
Estos pueblos ocupaban hacia el siglo XVI la región que iba desde el Río Colorado hasta los canales fueguinos.
Se dividían en dos grandes grupos como resultado de distintas adaptaciones regionales, al norte se encontraban los Puelches - Genáken que eran cazadores terrestres, especialmente de guanacos y ñandúes siendo su arma clásica la boleadora.
Al sur se situaban los chonecas que combinaron la caza con la pesca y la recolección en las zonas costeras.
Los chonecas fueron bautizados por los españoles con el nombre de patagones.
Las familias se reunían en grupos mayores llamados parcialidades de alrededor de cuatrocientas personas, gobernados por un cacique.



Los Araucanos o Mapuches
Hace 250 años aproximadamente, los araucanos, originarios de Chile, atravesaron la cordillera de los An-des e ingresaron a la Patagonia atraídos por la abundancia de caballos.
Estos habían sido introducidos en el Río de la Plata por la expedición de Pedro de Mendoza que los abandono, estos animales encontraron en nuestra pampa abundantes pasturas y aguadas para reproducirse con facilidad.
En Chile estos aborígenes tenían una vida sedentaria, con una economía basada en la agricultura y la recolección, al adoptar el caballo modificaron sus costumbres dedicándose a la caza y el saqueo propio de las culturas ecuestres.
También el uso del caballo les posibilitó una gran resistencia a la dominación del hombre blanco.
Se agrupaban en tribus numerosas a menudo rivales, cuyo poder fue en aumento a medida que absorbían a pampas y patagones.
Alcanzaron cohesión y cierta organización política.
Las tribus más destacadas entre los araucanos fueron la de los pehuelches, asentada en la zona cordillerana entre los ríos Diamante y Limay y la de los ranqueles al este del río Salado y las Salinas Grandes.



Los Pampas o Querandíes
Su hábitat lo constituyó la llanura pampeana y fueron estos los aborígenes que entraron en contacto con los primeros fundadores de Buenos Aires, proporcionándoles alimento.
Se dedicaban a la caza de guanacos y ñandúes, también practicaban la pesca en ríos y arroyos y recolectaban cardos y abrojos para completar su alimentación.
Usaban arco, flecha y boleadoras y al igual que los araucanos cambiaron sus costumbres al adoptar el caba-llo.



Los Yamanas, Alacalufes y Onas
Habitaban los canales e islas de Tierra del Fuego.
Estos aborígenes representaban un grupo muy adaptado al medio marítimo, hay vestigios de su existencia desde hace ocho mil años.
Practicaban la caza siendo sus presas favoritas los lobos marinos y las aves; pescaban con arpones de hueso y redes o líneas de tendones de guanaco, también practicaban la recolección de moluscos. Las canoas constituyeron el medio de desplazamiento más adecuado.
Sus viviendas eran tiendas transportables, construidas con cueros de animal y troncos de árbol para facilitar así el transporte de ellas cuando la búsqueda de presas así lo requería.
Para calentarse prendían grandes fogones, cuando la expedición de Hernando de Magallanes atravesó el estrecho y vio las grandes fogatas bautizó a la región con el nombre de Tierra del Fuego.
Las antiguas y poderosas civilizaciones que abarcaron la extensión del territorio argentino fueron desapa-reciendo, algunas sin dejar rastro. Entre las 14 naciones indígenas sobrevivientes, un grupo de sus inte-grantes tomaron el camino de la docencia para concientizar a la sociedad de su existencia, esa labor invi-sible pero incansable dio sus frutos: en la Constitución Argentina fueron incorporados los derechos indí-genas.
Centros y Organizaciones Aborígenes en Argentina
• Centro Indianista de Rosario: Santa Fe.
• Centro Indianista Hunuc Huar: San Juan.
• Fundación Inti-Raymi: Jose C. Paz, Bs.As.
• Comunidades Indígenas de Quilmes: COINQUI, Quilmes, Tucumán.
• Centro Mapuche de El Bolson: S.C. de Bariloche, Río Negro.
• Centro Mapuche de Epuyen: Chubut.
• Cóndor Jaire: La Plata, Bs.As.
• Centro Cultural Mawo-Pelaj: Embarcaciones, Salta.
• Instituto de Comunidades Aborígenes: ICA, Formosa.
• Federación Indígena del Neuquén: Neuquén.
• Federación Indígena de Formosa: Formosa.
• Federación Indígena del Chaco, Parlamento de Cabanaro y Sáenz Peña: Chaco.
• Reivindicación Cultural Inca: RCI, Tres Cruces, Jujuy.
• Cooperativa Collasuyu: Santa Catalina, Jujuy.
• Centro Colla: Barrio Hermoso, Salta.
• Cooperativa Wichi: Rivadavia Banda Sur, Salta.
• Comunidad Amaicha del Valle: Tucumán.
• Centro Florentino Marinao: Chubut.
• Comunidad Toba "La Tigresa": Formosa.

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